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LITTLE NEMO: REGRESO A SLUMBERLAND, IMAGINACIÓN A RAUDALES

Analisis por Jaime Valero

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Página del cómic original de 1905 de Winsor MacKay

Pese a que siga manteniendo su aspecto infantil y a que todavía utilice ese estrambótico pijama repleto de borlas que parece sacado de un circo, Little Nemo ha cumplido la friolera de 110 años. Fue concretamente el 15 de octubre de 1905 cuando este niño emprendió su viaje hacia el mundo de los sueños en las páginas del New York Herald. Un viaje que se extendería, con algún parón entre medias, hasta 1926, cuando Winsor McCay puso fin a su trayectoria al frente de la serie. Posteriormente sería su hijo Robert el encargado de ocupar su lugar, si bien su etapa no resultó demasiado relevante.

Pagina de una de las primeras ediciones de Little Nemo
Página de una de las primeras ediciones de Little Nemo

Gracias a sus años de apogeo, Little Nemo in Slumberland ha pasado a la historia del 9º arte como el primer gran clásico del género, y tras leer algunas de sus planchas, no cuesta comprender por qué. Resulta sorprendente que en aquella época, cuando el cómic —tal y como hoy lo conocemos— era todavía un medio joven que estaba dando sus primeros pasos, McCay fuera capaz de conseguir un resultado tan expresivo, tan apabullante a nivel visual, y con tantos recursos de estilo. Basándose en una estética heredera del art nouveau, McCay desarrolló un mundo onírico con el que incluso a los niños más imaginativos les habría costado soñar.

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Página interior de Little Nemo: return to Slumberland. © Eric Shanower y Gabriel Rodríguez. ©

Sin embargo, hoy no toca hablar de las virtudes del Little Nemo original, aunque ya hayamos expuesto algunas. Hoy abordaremos un cómic que actualiza a este entrañable personaje para los lectores del siglo XXI, una reinterpretación de sus aventuras que lleva por nombre Little Nemo: Regreso a Slumberland. Una tarea nada sencilla en la que se embarcó el guionista Eric Shanower (conocido, entre otras cosas, por su reinterpretación de la guerra de Troya en La Edad de Bronce), en compañía del fabuloso dibujante Gabriel Rodríguez, cuyo trabajo en la serie Locke & Key le hace justo merecedor de ese adjetivo. No cuesta imaginarse las dificultades que plantea un remake de estas características: hay que ser fieles al original para no traicionar su esencia, pero el resultado tampoco puede ser un simple pastiche; hay que saber destilar las claves de la historia original para actualizarlas y acercarlas a los lectores contemporáneos. Y entre otras muchas cosas, también hay que forzar la imaginación al máximo para que el resultado sea digno del legado de Winsor McCay.

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Portada de la edición Little Nemo: Regreso a Sumberland. ©2015 Planeta Cómic

Tanto Shanower como Rodríguez se tomaron muy en serio este desafío, y el cariño que desprende el resultado final es prueba de ello. Tras un arranque que puede hacerse un tanto pesado, hasta que Nemo llega al fin a Slumberland tras un montón de intentos fallidos, una doble splash-page sensacional nos da la bienvenida al mundo de los sueños, mientras Nemo desciende desde las alturas utilizando una colcha a modo de paracaídas. Esta cautivadora ilustración no es sino la punta del iceberg de la tremenda imaginería visual que despliegan ambos autores a lo largo de este cómic, cuya belleza estética no puede -ni debe- describirse con palabras. Lo mejor es ir pasando páginas uno mismo y embelesarse con la increíble labor que ha hecho Gabriel Rodríguez, que incluso hace palidecer a sus trabajos anteriores.

El guión, pese a su sencillez, es un digno homenaje a las historias originales de Nemo, al recuperar a numerosos personajes como el rey Morfeo, Flip Flap y el chico de caramelo, que cobran nueva vida gracias a los lápices de Rodríguez. La única pega que le he encontrado es que el nuevo protagonista -puesto que no es el de antes, sino un niño actual cuyo segundo nombre resulta ser Nemo- se me hace un poco antipático durante los primeros pasajes, con sus insistentes quejas y protestas. De hecho, su protagonismo llega incluso a diluirse en ciertos momentos, en favor de otros personajes más carismáticos como Flip Flap. Pero tampoco es algo por lo que lamentarse. Al fin y al cabo, por mucho que la cabecera lleve su nombre, Little Nemo no deja de ser, y siempre lo ha sido, una pieza de un puzle mucho más grande: el que da vida al fabuloso mundo surgido de la imaginación de Winsor McCay. Y descubrirlo, para maravillarse con él, debe ser la principal motivación que mueva al lector.

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Portada y página interior de la edición española.

 

 

 

 

 

 

 

Tomado de: www.fancueva.com

 

 

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