Publicaciones de la editorial Pablo de la Torriente

¿UNA HISTORIETA MADE IN CUBA?

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Deprimida durante años, la historieta cubana pugna por sobrevivir en un panorama editorial no siempre propicio.

Los expertos tienen la palabra.

Caridad Blanco, crítica de arte, investigadora y curadora:

Caridad Blanco
Caridad Blanco Cué. Curadora, investigadora y crítico de arte. Ha realizado estudios de diferentes etapas del desarrollo de la historieta en Cuba.

Haber leído historietas por casi 50 años y estudiarlas por tres décadas me permite afirmar que nos falta una verdadera casa editorial dedicada a la narrativa dibujada. Una editorial que tenga a la historieta como arte y no como impresión pobre de simples “muñequitos”. Una editorial capaz de hacer notar la fuerza gráfica de la historieta, su alcance cultural, la riqueza de su componente literario y de trabajar desarrollando su grandeza como expresión visual. Una entidad consciente del significado de la historieta por cómo se comunica con sus lectores y sus amplias posibilidades con los distintos públicos.

Entre los ejemplos más notables de lo que se ha publicado en los últimos tiempos están Crónicas urbanas y Soñar La Habana, libros resultantes del taller impartido por Etienne Schréder a jóvenes creadores cubanos en la Vitrina de Valonia, y del apoyo en general de Bélgica al trabajo de dicha institución habanera. También el volumen donde aparecen las historietas de Montos y Palacios, premiadas en el Concurso Ojalá, así como los cuadernos Auroria. La gran alianza, de Montos y Boyce (Reina del Mar Editores) y Los hijos del Quasar, de varios autores (Ediciones Luminaria). Estas experiencias no constituyen la norma en cuanto a lo que se publica en Cuba, sino excepciones.

Las editoriales hoy, en su mayoría, acuden a fórmulas habituales, gastadas, repetitivas, sin atreverse con obras experimentales, renovadoras.

El descuido, la subestimación y los prejuicios han debilitado el impacto cultural que pudo haber tenido (y aún pudiera tener) la historieta en Cuba. Se ha desaprovechado su potencial económico, posible gracias a la demanda que existe en relación con este tipo de publicación y todo lo que la historieta es capaz de mover tras de sí. Esto ha hecho que los personajes nacionales no se hayan posicionado en la vida de la gente como podría haber ocurrido, y ese espacio esté cubierto por los que nos llegan desde otras latitudes. Dentro de lo publicado en las últimas dos décadas, se advierte el predominio de historias poco seductoras y estereotipadas. Marcadas en muchos casos por el didactismo que se les ha demandado como justificación social de su existencia por quienes, decisores, implicados en la cadena de reproducción y circulación de las historietas, desconocen la historia de la manifestación, tienen visiones desactualizadas y reduccionistas en más de un sentido en torno a este arte. Directivos que olvidan que las artes tienen maneras de educar que no pueden ser forzadas, y que en la obligación todo arte se desvirtúa.

Esther del Loreto Pozo Campos, directora de la Editorial Pablo de la Torriente:

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Esther del Loreto Pozo Campos, directora de la Editorial Pablo de la Torriente.

En una de las ediciones de las memorias de la Feria se publicaron los resultados de una encuesta del Observatorio Cubano del Libro y la Lectura y, según los datos obtenidos, la historieta era el cuarto género más leído. Estos datos vinieron a corroborar algo que nos llamaba poderosamente la atención y eran las señales que recibíamos durante las jornadas de las ferias no solo en La Habana, sino en otras provincias, donde en nuestro propio stand, en las librerías y otros puntos de venta habilitados, un número significativo de lectores adquirían varios de los libros de historietas que publicábamos cada año.

Además, en nuestros recorridos por las librerías que recibían como distribución anticipada muchas de las novedades editoriales que posteriormente se comercializarían en la gran librería central de La Cabaña, estas ediciones eran muy demandadas según los propios libreros..

Sin embargo, hay que considerar en primer lugar que las limitaciones económicas actuales provocan restricciones en la gestación de los planes editoriales. En el caso de la “Pablo”, cada año la publicación de historietas tiene más peso en el catálogo y alcanzan mayor relevancia en los espacios de promoción pública a partir de la cuidada selección de temas y autores con que son concebidos nuestros planes en los que, invariablemente, tienen un espacio reservado los maestros del arte de los cuadros y los globos y, al mismo tiempo, damos la bienvenida a los nuevos cultores del género para garantizarle salud y larga vida a la historieta. Por otra parte, como política editorial y por el bien de los autores, hemos incentivado las obras colectivas donde destacan la variedad de estilos, maneras diversas de graficar hechos históricos, de recrear un mismo tema desde diferentes modos e ir dando merecido espacio a figuras muy jóvenes amantes de la historieta con pocas oportunidades de ver publicadas sus creaciones.

Privilegiamos entre los temas, aquellos que promueven la educación formal, la cultura universal, latinoamericana y nacional, los valores, el cuidado y la preservación del medio ambiente, las que difunden hechos y personajes históricos sin renunciar a las obras experimentales que con diseños atractivos permitan cada vez más al joven lector aprender jugando. En realidad no nos llega una avalancha de propuestas.

Juan Padrón, creador de Elpidio Valdés:

Cuando empecé, había varios guionistas buenos, pero recuerdo a Marcos Behemaras y a Froilán Escobar como los que más me gustaban. Yo hacía guiones para Luis Lorenzo, para Roberto Alfonso, alguno con Orestes Suárez, para Jorge Oliver.

Muchos dibujantes se hacían sus guiones, cosa rara en el mundo de las historietas, donde la gente se especializa en todo: dibujantes que hacen lápiz, otros entintan, algunos más que hacen las letras, etc. Lo más flojo de la historieta cubana son los guiones.

Jorge Oliver, conductor del pro- grama televisivo Cuadro a cuadro. Creador del Capitán Plin:

No me parece raro que en algún momento hayamos arremetido contra el mensaje que tienen la mayoría de los cómics de Estados Unidos, sobre todo en los años 80; pero no olvidemos que el nivel de agresividad del imperio contra Cuba, en los años 60-70, no era juego de muchachos. No hay que ser un estudioso para saber que el bloqueo impedía que las compañías norteamericanas vendieran algo en Cuba, porque era y todavía es “comercio con el enemigo”. Así que la desaparición de muñequitos como Supermán, Tarzán y Los halcones negros no fue solo un acto de defensa nuestro para impedir que le siguieran diciendo a nuestros niños, y a otros no tan niños, que las invasiones yanquis en Asia o en Latinoamérica eran parte de la lucha por “la democracia mundial”; sino que fue también parte de la histeria imperial que decidió, hace demasiados años, bloquearnos.

Cuadro a cuadro fue un encargo de Migdalia Calvo, asesora y guionista de programas de crítica cinematográfica de la televisión cubana; y el primer apoyo externo vino de la Upec. Las personas han entendido que no es sano autobloquearnos, que podemos ver cine, leer cómics y saber separar el trigo de la paja. No quiere decir que se nos haya olvidado que esa industria está llena de veneno en el contenido, lo que sucede es que con el tiempo hemos aprendido a razonar, demostrar, discutir y no ser absolutos en los juicios y comprendimos que las consignas sirven como mecanismos movilizadores, pero a la hora de argumentar hay que ser más explícitos si queremos que el mensaje llegue y le dejemos al receptor el sagrado derecho de coincidir o no con lo que decimos.

Manuel Lamar Cuevo (Lillo), creador de Matojo, 86 años:

La historieta cubana era didáctica, comprometida con la educación de los niños y jóvenes y, al mismo tiempo, divertida, para lograr el entretenimiento de los lectores tanto infantiles como adultos. Siempre tenía un mensaje positivo que permitiera al público pensar y analizar los eventos de la vida cotidiana del cubano. Una característica permanente en muchas de ellas era el humor, que es un rasgo distintivo del pueblo cubano.

Roberto Alfonso Cruz Robe, Orestes Suarez , Manuel A. Pérez Alfaro y Jorge Oliver

Orestes Suárez Lemus, autor de emblemáticas historietas como Yakro, Camila; Inés, Aldo y Beto: Debería existir una revista especializada de la historieta cubana que les permita a los historietistas participar para ver sus trabajos y compararlos con los demás. Ellos necesitan dónde publicar periódicamente y con los años adquirir la experiencia. Un profesional de la historieta que no la practica a diario o que deja de publicar sus trabajos, con el tiempo pierde habilidades.

Hacer historietas con solo el objetivo de cubrir un plan educativo para niños y jóvenes en pocas revistas no cubre las expectativas de un buen historietista, ni tampoco las de los lectores. Eso defrauda a muchos y les obliga a vender su arte a empresas extranjeras, cuando en verdad se podría aprovechar el talento en nuestro propio país.

Si hoy no tenemos dónde publicar todo lo que seamos capaces de crear para satisfacer las expectativas de los lectores, coleccionistas, bibliotecarios, etc., no puede haber tampoco desarrollo para los autores de la historieta y, por ende, tienen que sentirse frustrados.

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