Cuba a golpe de historietas

LA HABANA. Cuando los entonces niños de la revolución, íbamos a la barbería del barrio en los años que antecedieron el triunfo rebelde de 1959, no era de extrañar que saliéramos con par de “muñequitos” en mano entre los que no podían faltar Superman, Batman y otros singulares personajes. Algunos, en celuloide, han sabido sobrepasar el tiempo para deleite de generaciones posteriores. Y mencionaré solo el nombre de Walt Disney.

Comenzaron los 60 imbuidos del espíritu revolucionario y con él las nuevas historietas o “cómics” donde los héroes cambiaron de vestuario y manera de contar las cosas hasta que, lentamente, el género tomó camino de la terapia intensiva de esta modalidad artística. Al menos, en la versión impresa.

Cuando parecía que el género había desaparecido de la faz de la tierra, han caído en mis manos par de libros basados en la más reciente historia de Cuba. Editados e impresos en España tal parece que ha vuelto en resucitada versión esta modalidad.

Elpidio Valdés se disfraza de “gallego”.

Crónicas de La Habana.
Crónicas de La Habana.

Mauricio Vicent, corresponsal del diario El País entre los años 1991-2011 y, a mi juicio, el colega extranjero que mejor ha entendido la realidad de la Isla, cursó sus estudios universitarios en La Habana casi a mediados de la década de los 80s antes de ser fichado como corresponsal permanente del mencionado medio.

De la mano de Juan Padrón, el “padre” del héroe independentista en los dibujos animados de Elpidio Valdés, surgió la idea de concebir el texto Crónicas de La Habana, un gallego en la Cuba socialista.

La portada no pudo ser mejor concebida, así como las historias que cuenta en un extraordinario apego a la verdad histórica, aunque se trate de un carácter testimonial: una conocida ruta o autobús de la ruta 20 repleto a más no poder y Mauricio, con oscura barba y cigarro siempre en mano, apoyado entre la puerta delantera y la defensa del vehículo.

No escapó nada significativo en los cuadros de lo que cuenta con humor —y fiel a nuestra idiosincrasia— en la vida de los cubanos en esa etapa preludio del llamado Período Especial o crisis devenida del derrumbe soviético.

Un libro recomendable, con 261 páginas que, de seguro, nos refrescarán la memoria de pasajes casi olvidados.

Anna Veltfort en La Habana.

Adiós mi Habana.
Adiós mi Habana.

La germano estadounidense Anna Veltfort, graduada también en universidades cubanas con el título de Licenciada en Historia del Arte, fue otra de las personas animadas a contar sus experiencias a través de la historieta con el libro Adiós mi Habana.

Momento particularmente delicado y convulso. Primeros años de la revolución comprendidos entre 1962 y 1972, cuando debió abandonar la Isla en un buque de carga que partió del puerto de La Habana.

No puedo cuestionar la sinceridad de la Veltfort en su crudo testimonio, que incluye hasta su iniciación como lesbiana en un cine habanero durante la proyección de aquel filme que muchos recordamos: El Caso Morgan.

Anna Veltfort hace gala de una excelente y documentada información, como recortes de prensa y otros documentos, para acercarnos a aquellos turbulentos días de movilizaciones militares, trabajos voluntarios, permanencia en los campos, el quehacer de los intelectuales, los conflictos de entonces en las Universidades, eventos políticos de trascendencia internacional celebrados en Cuba y hasta ese gris episodio de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

Obviamente, es su visión de los acontecimientos que narra. No hay un ápice de ingenuidad y sí de una cuidadosa selección de cada cuadro. En uno, por ejemplo, donde refiere un cóctel en el hotel Habana Libre, se aprecia en una esquina un personaje con roja barba que no resulta engorroso para el conocedor saber de quién se trata.

Adiós mi Habana es, en resumidas líneas, un texto para disfrutar, pensar y reflexionar.

Un elemento común, que se le agradece a ambos autores, resulta el haber interpretado con gran acierto el sentido de humor en nosotros los cubanos. Mientras otros llorarían, por estas tierras se ríe. Casi siempre respetamos la verdad.

Tomado de: Progreso Semanal.

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