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Entre maestros, el maestro Elpidio Valdés.

por Reinaldo González

Cuando con motivo de su Premio Nacional de Cine me correspondió el jubiloso deber de rendirle honores a Juan Padrón, sostuve con él, en público, nuestro persistente diálogo sobre el universo de los cómics, que nos vuelve niños permanentes.

No se nos estrecharon las molleras con un accidente como el de Oscar en El Tambor de Hojalata, criatura de Günter Grass para ajustarle cuentas a la humanidad desde una infancia a prueba de guerras mundiales. Vimos la extendida trayectoria del género dentro de los productos de la llamada industria cultural, tan útil como veleidosa. En ella había entrado Padrón, con Elpidio Valdés y su familia mambisa, símbolo de entereza y esfuerzo patrios, sin traicionar la autenticidad del cómic. Padrón ejercía la posibilidad pedagógica de crearle una prole al personaje central de la historieta no como añadido inconsecuente, sino en ampliación y ganancia del mensaje. Seguir leyendo Entre maestros, el maestro Elpidio Valdés.

EDWARD GOREY O LA ANTINOVELA GRÁFICA

por Alberto Chimal

El término “novela gráfica” se propuso, durante los años ochenta del siglo pasado, para referirse a obras de arte secuencial –cómic, historieta, bande desinée– de larga extensión y aspiraciones “literarias”: argumentos complejos y en ocasiones digresivos, numerosos personajes y adaptación deliberada de recursos de la narrativa como símbolos y metáforas, juegos estructurales, etcétera. La intención era dar respetabilidad e incrementar las posibilidades comerciales del arte del cómic en América, y en especial en la América anglosajona, que siempre lo ha despreciado por considerarlo (confundiendo la forma con el contenido) un “género” de mero entretenimiento o consumo masivo.

El éxito fue parcial pero ocasionó, entre otros efectos curiosos, que numerosos lectores comenzaran a acercarse al cómic con prejuicios semejantes a los que se dejan ver al comparar la novela con el cuento: la extensión y las pretensiones declaradas de la obra comenzaron a verse como valiosas en sí mismas –como siguiendo las prescripciones de la industria del bestseller– y otras alternativas y posibilidades del arte secuencial comenzaron a ser leídas y juzgadas de acuerdo con las nuevas exigencias impuestas por el “género” nuevo. Es decir, el auge de la novela gráfica puede terminar, sin proponérselo, por fijar la situación de la obra de Edward Gorey –entre otros grandes artistas– como creador marginal o de culto. Seguir leyendo EDWARD GOREY O LA ANTINOVELA GRÁFICA